miércoles, 24 de diciembre de 2014

Sexo entre líneas


¿Lo habéis hecho alguna vez en una biblioteca?

Marina era una chica culta. Fue a la universidad, estudió Historia del Arte y era una auténtica devoradora de libros. Uno de los mejores regalos que pudieron hacerle en esta vida, fue haberla contratado en una biblioteca. El plan de esta cita sería el siguiente: la llamé y le comenté qué le parecería la fantasía en cuestión. Las primeras palabras que salieron de su boca desembocaron en una gran carcajada. Tenía una risa tan contagiosa que era imposible no reírse con ella.

Dejé el coche en un parking y, vestido con unos vaqueros, camisa blanca y una chaqueta de cuero, me coloqué el pasamontañas. Allí estaba ella, con cara de desconcierto por no haberme visto llegar a la cita. Mientras, la observaba desde las sombras. Me acerqué por detrás, justo cuando buscaba las llaves para cerrar la biblioteca, y la sorprendí de espaldas tapándole la boca con una mano y metiéndola dentro, como si fuera un secuestro. Ella estaba temblando y asustada cuando su pulso se aceleró inusitadamente. En ese momento, me levanté el pasamontañas para dejar mis labios al descubierto y susurrarle al oído:

 -¿Te han follado bien, alguna vez, en tu puesto de trabajo?

Mientras tanto, jadeé en su cuello. Ella se giró y me aferró mi cara con ambas manos y, sonriendo, respondió:

 -Me han jodido en varios puestos de trabajo, pero no de la manera que tú vas a hacer.

Mientras lo comprobaba metiendo mi mano por debajo de su blusa y acariciándo y estirando uno de sus pezones, descubrí que estaba realmente excitada. Los tenía tan duros que pensé que podría colgar hasta sendos abrigos de pana mojados. En ese momento, comenzamos a besarnos en la entrada de la biblioteca. Y, entre besos, le dije:

-Espera. Entonces le cogí de la mano, separándome de ella hasta acabar por soltarla, acariciando la palma de su mano con uno de mis dedos. Y me acerqué a echar la cerradura de la puerta. La volví a coger de la mano y la llevé a la sección de: "Bellas Artes. Juegos. Espectáculos. Deportes."

Simulando ser un usuario de aquella biblioteca, le pedí amablemente que me alcanzara un título de la última estantería, el de bellas artes, justo al lado de manualidades. Mientras ella, sin poder parar de reir, me decía que estaba completamente loco. Y allí la tenía, con esa faldita, subidita en lo alto de aquella banqueta y estirando una pierna para acceder a aquel libro, mientras fijaba su pícara mirada en mis ojos y me examinaba de arriba a abajo, con una expresión de insaciable deseo. En ese instante, le dije:

 - Espera un momento. No te muevas.

Me acerqué a ella, la baje de aquella banqueta, y la volví de espaldas, rodeándola con mis brazos para inmovilizarla. Comencé a morderle y besarle el cuello, lentamente, mientras apretaba sus caderas hacia mí, para que sintiera la intensidad -y el tamaño- de mi deseo. Le levanté la falda y le desgarré el tanga con furia para arrojarlo al suelo. Con vía libre para poder acceder a su sexo, analizando con mi lengua cada parte de su flamante sonrisa vertical, haciendo círculos con mi lengua alrededor de su clítoris, jugueteando con su sexo en mi boca ardiente, regalando un calor inmenso a su coñito bien rasurado, explorando cada milímetro de punta a punta. Empecé a lamer su ano mientras lo perforaba con mi lengua y comencé a follarle el coño seguidamente con mi lengua. Mientras tanto, ella me apretaba contra ella, hasta que me aparté y, sorpresivamente, me empujó a un lado y se arrodilló ante mí. Cogió mi polla, que estaba a punto de estallar, con ambas manos y comenzó a chuparla y a lamerla salvajemente. Tuve que respirar muy hondo y muy rápido. Aunque la temperatura de mi cuerpo no podía subir más, estaba ardiendo. Me encantaba sentir su lengua caliente y húmeda recorriendo mi miembro. -Quiero probar tu sabor -le dije. Al decirle eso, nos tumbamos en el suelo para deleitarnos mutuamente. Se puso encima de mí con su coño sobre mi rostro, le introduje la lengua, metiéndola y sacándola, para luego pasarla de arriba a abajo y jugar con ella en su clítoris. Mi boca se llenaba de su flujo y eso me ponía a tope. Se lo chupé con énfasis y le metí la lengua profundamente, hasta que se corrió en mi boca, entre estertores y temblores de placer. Después de un buen rato follando, y ver como se sucedían las posturas, la sometí de espaldas con su rostro contra el suelo y se la clavé de golpe, hasta el fondo, de una sola embestida, así una y otra vez. Noté como mi rabo crecía aún más en su interior, haciéndose sitio y cada vez la perforaba con más fuerza. Sus gestos y gemidos revelaban cómo sentía una mezcla de dolor y placer, que la subyugaban, hasta llegar un momento en el que lo único que sentía era que el placer prevalecía sobre el dolor y necesitaba más. Quería más fuerte, más hondo, más rápido y así se lo di. Mientras, ella me hundía sus uñas en las nalgas, hasta el punto de hacerme daño. Sin embargo el dolor se fue en el momento en que la llené hasta el fondo, corriéndome en su interior y haciendo que ella se corriera de nuevo; los músculos de su coño apretaron mi polla, para luego soltarse y con ellos expulsar todo el magma que quedaba en mi interior.

Esa fue la primera noche que probé el sabor de una mujer, en un sitio donde oradores, poetas y novelistas fueron testigos de una fantasía que finalizó con la misma sensación que despunta un latigazo por debajo del ombligo...

2 comentarios:

  1. Excitante aventura. Si me lo permites, te sigo.
    Me encanta la narrativa erótica.
    Saludos!!

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    Respuestas
    1. ¡Muchas gracias por leerlo y bienvenida! Aquí te dejo la lista de relatos:

      https://www.blogger.com/profile/14436259879087800531

      Saludos. XD

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